Parada el 1er día.

 

Hacia el col de la Standhart.

 

En la cueva por fín.

 

Rogando a los Dioses del Circo de los Altares.

 

La parada del caldo. 2.30 AM.

 

Frio antes del Casco.

 

Rápel en los mixtos de acceso.

 

Santi y

Dani helaitos...

Take the long way home.

 

Parte del camino.

El 1 de diciembre salimos con Santi Padrós a las 7 de la mañana por la puerta de la cabaña. Por delante gran pateada y meteo incierta como el futuro. Nuestro plan es ir a ver como está la cara este del Adela y si va… adelante. Más arriba nos espera la Ferrari del Cerro Torre con la que queremos conectar. Seis horas más tarde estamos en la base del glaciar del Adela donde tenemos un depósito de material. La pared está llena de nieve reciente y por la línea que tenemos en la cabeza cae una cascada de blanco elemento que nos hace reflexionar. Además llueve. Bufff…!. Bueno, estamos aquí y ya que estamos algo habrá que hacer. O nos volvemos al asado que están preparando para esta tarde de despedida del “Jefe” Corominas o…¿?. O probamos a saltar al oeste, al hielo, a buscar la normal de la Ferrari por el Collado de la Standhart. Como han hecho las cordadas que días atrás hicieron la Ferrari.
 
En el glaciar no hay nadie más. Hace un día de perros pero nos hemos empeñado en intentar hacer algo según la previsión de meteo que viene.
Otras cordadas tienen planes de salir mañana o pasado. Las condiciones que necesitamos de meteo y como esté el monte son algo más complicadas de conseguir que sólo para la Ferrari. Necesitamos pared seca, frio, nubes y poco viento para el primer día. Para el segundo sol, poco frio y menos viento. Como si se tratara de un menú de restaurante estas son las variables básicas. Luego hay otras que acaban de hacer un poco más complicada la ecuación como son acceso y descenso, vivacs, material, etc… Todo esto hace que tengamos un “quilombo” de cosas en la cabeza con muchas posibles variables y potenciales resultados. Total que como lo nuestro no son las matemáticas ( por lo menos lo mio, el Santi va bastante bien ) y si llevar grandes mochilones de paseo decidimos seguir adelante cambiando el plan inicial. Tras seis horas más con lluvia, nieve y algo de viento llegamos al “Filo Rosso” en el Circo de los Altares donde empieza la clásica Ferrari
.
 
El ambiente es ciertamente desolador en un día como este. Estamos mojados hasta los calzoncillos, cansados y sigue lloviendo. En las esperanzas que pone uno en sus aventuras, cuando las cosas van regular, tiendes a imaginar futuros mejores, algo que te ayude a aligerar los pesares. ¿Habrá una cueva de las cordadas anteriores?. No. Pues a picar rapidito que seguimos mojándonos y parece que la noche traerá nieve.
Dos horas después ya no nos mojamos por la nieve, ahora es la humedad general y la cueva hecha en nieve primavera que nos cubre. Al fin, liofilizado para cenar, saco y a dormir. Mañana será otro día y volveremos a decidir según como amanezca. Santi ronca a los treinta segundos y le tengo que quitar el frontal de la cabeza.
 
 
 
La mañana nos descubre un día gris, sin viento y algún rato suelto de nieve. Hace frío. Nuestra primera preocupación es secar todo: sacos, ropa y sobre todo las cuerdas. Si viene frio de verdad como prevé la meteo no podemos ir para arriba con las cosas así. Así que sacamos todo de la cueva y como podemos vamos haciendo para secar. Afortunadamente el tiempo se comporta y sin sol y unas cuantas horas de paciencia dejamos casi todo en condiciones de seguir. Ese día podría ser de cima tal vez. No hay casi viento… pero no nos daba. En teoría mañana día 3 será despejado y con algo de viento límite para escalar. Luego ya llega más viento y el resto de días huracán. Meteo dixit.
  
A las 10 de la noche, poniéndose el sol, nos ponemos en camino. Queremos pasar las pocas horas de oscuridad en la aproximación al Collado de la Esperanza, mil metros más arriba, donde empiezan realmente las dificultades. En la oscuridad, abriendo huella, vamos descubriendo el camino. A las dos y media paramos un rato en una rimaya para fundir agua, beber un caldo y calentar nuestro cuerpito.
Un poco más arriba empieza el hielo que nos llevará al collado y que nos hace sacar el segundo piolet para recorrer al ensable ese tramo. La temperatura esta cada vez más baja y el viento aumenta haciendo con la nieve que cae y la que rueda una fiesta loca que empieza a fastidiarnos. Santi llega al collado y seguimos por la línea sin pararnos. No nos podemos quedar quietos ni un momento del frío que tenemos. Empieza a clarear. Monta una reunión y sale a toda entre la ventisca dejándome tiritando y empezando a pensar que qué coño estamos haciendo ahí. Tengo miedo de un dedo del pie que hace un rato que no siento, tengo miedo de que el tema se ponga más “choto” allá arriba y no puedo ni abrir la mochila y pensar en ponerme el plumas. Salgo y hago otro largo más en ese hielo nieve tan de ahí. No vemos el material ni los rápeles dejados por las cordadas anteriores. Todo está tapado o no lo vemos. Ni vemos las increíbles formas que nos rodean. Al fin llega Santi a la reunión. No dice nada así que le digo yo: -Ya esta bien, vámonos de aquí… o qué?. La respuesta la tiene clara: OK.
 
 
Así empezamos el descenso todo lo rápido que nos deja maniobrar la ventisca. Abalakovs, algunos restos de rápeles desenterrados. Unas horas más tarde y algún enganchón de cuerdas llegamos al vivac. Cansaditos, para variar y algo tristes. Hay que volver. Sabemos la que nos espera… Dos días de pateo con el mochilón. Primero por el Hielo hacia el Paso del Viento, luego laguna Toro y fin de trayecto el pueblo Chaltén. Pensando en la cerveza y una cama blandita como zanahoria de burro avanzamos por increíbles sitios. Un gran regalo visual que lo sería más de no ir cargados.
 
Hoy día 6 de diciembre amaneció con viento moviendo la cabaña. Llegamos ayer a medio día. Oriol nos cocinó unos espaguetis y en el kiosco más cercano nos fiaron, pese a lo mal que olíamos, un par de litros de cerveza. Tirados en el césped de la cabaña, sin camiseta, sin botas ni calcetines… con el sol calentándonos revivimos un poco. Eres feliz. Todo es placer. Como si hubiera hecho bueno el día que le metimos a la vía. Hubiera sido una ruta “placer”. Estoy seguro.
 
Pese a todo a sido un buen pegue. Estamos contentos.
Nos quedan quince días aquí. Seguiremos vigilando el Torre y la meteo. Esperando poder hacer alguna ecuación más.