Muchos años hace que vi los mallos por primera vez. Tantos que mis recuerdos de crio se funden con el barro y los bolos. Ahora, a veces, cuando llego al pueblo de noche intento borrar mi memoria pensando que tal vez al día siguiente pueda sentir esa primera vez, a la que preceden las sombras oscuras de la silueta nocturna, intuitiva, de las paredes, y mi sangre y mis tripas se muevan inquietas ante el despertar de la acción en semejante lugar. Nunca lo consigo. Ya lo conozco, ya se lo que hay... o casi. 

El Fire, sus vias, las horas pasadas en su vertical. Pensamiento a los audaces que "con dos cojones" se metieron en su espolón, con lo que llevaban y su cabeza. Salida para arriba. Increible escalada de una época. Bota de vino mezclado con sonido de clavos hechos en casa. Boina y alpargatas. Cáñamo y cuero.

El año pasado en primavera comenzamos con Miguelito y Fabian a buscar un camino, el nuestro, en su cara este. Hacía tiempo que venía observando un espolón, alguna fisura, imaginandome como sería aquello. Deseando dejar una huella en su vertical. Sin molestar, sin abusar. Pensando que era posible subirse por ahí con nuestros miedos, unos friends, fisureros y cordinos... y mama taladro. Claro. Calmante de pánicos.

En estos Riglos, avasallados por egos rocainómanos y chapas brillantes, sentido el peso de los miles de bolts, circo para todos... Compren sus entradas. Elijan el asiento que les convenga y si hay alguien en el de su elección.... échenlo...!!. Aquí no pasa nada.

Durante varios ataques en la primavera fuimos ganando metros despacito, a nuestro ritmo. Parecía mostrarse amable recorrido aunque algunos momentos nos costara pensar en seguir. Cada vez estaba más lejos del suelo el último punto alcanzado y más tiempo nos llevaba llegar a el sin fijar cuerdas. En algún momento de iluminación se nos ocurrió fijar. Mal,... era feo verlas alli y duraron un viernes y un sábado. Un día tuvimos que bajarnos. Fín de semana. Cordadas y mas cordadas asaltaban el mallo. La base de la pared, justo cerca de nuestra vertical bullia de gente. Vamos a matar a alguien.

Llegó el otoño. En mi cabeza había una espina, gorda, como de aliaga. Había que acabar de una vez y no podía ser haciendo de a cachitos y bajando a casa a dormir. Ya esta...!!. Solución: meterse y no bajar del mallo hasta acabar. Bien. Vale. Y allá que fuimos con La Garrapata Madoz. Repisa pa dormir de lao, codornices en escabeche de su madre, tortilla de patata, cervezas y vino. Lo tuvimos todo. Con dos noches pasadas alli llegamos a la cima. Como los antiguos.

Ahora estoy contento. Enterré la espina, apreté y pasé miedo. Mi ego creció. Abrir una vía en el Fire, con su estilo,... De chaval ni lo pude soñar.